Había expectación por conocer el ticket republicano, sobre todo por ver si John McCain era capaz de restarle algo de protagonismo a Obama, después de su definitiva consagración en la espectacular Conferencia Demócrata de Denver, de la que ya se ha hablado y escrito tanto que sólo me queda añadir: WOW! (emulando a Tom Peters). He leído y escuchado diferentes análisis y no acabo de comprender en qué estaba pensando el candidato republicano cuando se decidió por la Gobernadora de Alaska como compañera de viaje en las Presidenciales de noviembre. Frío, frío, McCain, le dicen la gran mayoría de los analistas. Desde el equipo de Obama están perplejos (y encantados) ante la elección de una ex alcaldesa de un municipio de 6.000 habitantes, sin ninguna experiencia en política nacional e internacional. Salvando las distancias (geográficas), es como si hubiera elegido al Alcalde de Colindres. ¡Menudo ticket!
Antiabortista militante, defensora de la enseñanza del creaccionismo en la escuela, convencida de que el cambio climático es fruto del azar, me cuesta creer que, con su nombramiento, McCain vaya a sumar más votos que los de los evangélicos, los esquimales y los ultraconservadores. Quizá era lo que necesitaba para una derrota dulce (como la de Rajoy); pero ha dejado claro que no confía en la victoria. Me cuesta creer que haya mujeres independientes (y menos, demócratas) que, habiendo apoyado a Hillary Clinton, ahora vayan a votar a McCain por haber elegido a Sarah Palin como candidata a vicepresidenta. Obama (y Michelle) son la única garantía de que los derechos de las mujeres, y su visibilidad, estarán en la agenda política de la Casa Blanca.
Noviembre está a un paso, un mes frío en nuestro país; pero al otro lado del atlántico subirá la temperatura política. En Europa (este lunes y martes hablaremos de ello en la UIMP) tenemos la esperanza cierta de que una victoria de Obama pueda abrir una etapa de alianza estratégica con EE.UU., para abordar temas como el cambio climático, la estabilidad y la paz mundial o la lucha contra la pobreza. Mientras nos jugamos el mundo, porque nos lo jugamos, en las páginas habituales me encuentro con lo habitual: más de lo mismo, ombligo y más ombligo. Cómo nos gusta salir en el periódico aunque sea para no aportar nada más que ego, y ego, y ego… La última es muy buena: «Soy Obama» No sé si reír o llorar. Lo dicho: frío, frío.