Un poco de estopa

26 06 2008

Hay días en que a uno se le quitan las ganas de casi todo según echa un vistazo a la prensa regional. Y hoy es uno de ellos. Confieso que me ha impresionado esa foto del consejero acultural, en Madrid, con lo más granado de la vanguardia creativa de nuestro país: Pedro Ruiz, Emma Ozores, Sancho Gracia, Paloma O´shea, Mónica Hoyos, Paco Valladares… Si quería echar por tierra la programación cultural de la región para esta verano lo ha conseguido. No había mucho que defender, la verdad, pero podía disimular un poco, y habernos dado gato por liebre. Pero, ¿para qué disimular? Supongo que hace tiempo que le importan un bledo demasiadas cosas.

Sigo indagando y leo que la Consejería de Economía y Hacienda va a firmar un convenio con la Fundación Comercio Cantabria para que ésta se encargue, durante los próximos tres años, del proyecto Gestiona —según sus promotores, una herramienta supermegarinnovadoradelamuerte que enseña a los jóvenes universitarios para qué sirve el presupuesto del Gobierno regional; quizá deberían aprenderlo aquéllos—, por la pequeña cantidad de dos millones setecientos mil euros. Debo reconocer que se han superado. Pensé que lo del proyecto Gestiona no daba ya más de sí; pero me equivoqué. No hay límites. Me molestan profundamente este tipo de cosas. Llueve sobre mojado, cuando debería salir el sol.

Miro por el retrovisor y recuerdo de qué manera tan precipitada y urgente ha convocado Nacho Diego el Congreso regional del Partido Popular. Un día empezaron a hablar del proceso, y al siguiente tenían ya la fecha decidida y hasta la marca del agua que iban a poner en las mesas. Y heme aquí que, leyendo en tierras gaditanas la información de El País sobre el Congreso nacional, encontré la respuesta: Resulta que todos los congresos regionales y provinciales que estuvieran sin convocar en el momento de celebrarse el nacional, tienen que introducir la novedad de la elección del Presidente por medio del voto directo y secreto de todos y cada uno de los militantes. Resumiendo, que a Nacho Diego le entró la cagalera del siglo, y pensó que eso de que voten todos los militantes era demasiada prueba para tan poco fuste político. Tranquilo hombre, que Narciso no tiene prisa. Por mí, que Diego siga muchos años. Hay que cuidarle.

Termino en Torrelavega. Allí, la precandidata a la secretaría general del PSOE de Cantabria que cuenta con el respaldo de El Mundo no termina de predicar con el ejemplo. Y no me refiero a que diga que hay que continuar con el pacto y ella se lo pase por el forro. Tampoco a que, a la vez que dice defender un mayor contacto con la sociedad, le dé repelús hablar con los vecinos de su ciudad, o con los sindicatos. No; pensaba en eso que dice (y que yo comparto) de que hay que mejorar la comunicación del partido. Al ver su foto, no parece que lo tenga demasiado claro. A la derecha de la instantánea se puede ver una enorme pantalla con un Power point en el que aparecen unas imágenes que evocan algo antiguo, y un eslogan digno del año del mundial de naranjito: Una legislatura para seguir construyendo futuro. Es todo menos claro, sencillo, breve, directo y potencialmente repetible por la gente. Por no hablar de que los gerundios están prohibidos en publicidad. En fin, que si esos son los cambios en la comunicación de los que se habla, virgencita que me quede como estoy.

¿Y ésto a quién le importa? Por la noche hay fútbol y se nos quitan todas las penas. Apuesto por un 3-1 a favor de España, y el domingo a disfrutar de la gran final. Será el momento de poner a prueba la identidad nacional (que palabras tan bonitas) de mi hermana Raquel, que lleva cinco años viviendo en Deutschland, y que es más alemana que la mitad de los jugadores de la selección tricampeona de Europa. Así que, pase lo que pase, alguien va a ser feliz el domingo. Y eso es lo más importante.





Tengo abandonado el blog

26 05 2008

Justo cuando había conseguido llevar esta bitácora a sus mayores éxitos de audiencia, me da por tirarme más de una semana sin contar nada. ¿Tendré miedo al éxito fácil? ¿Serán reminiscencias de mi época de bartleby? El caso es que la sequía empieza a ser preocupante y me veo en la obligación de atajar el problema. Podría hacer el típico post con ciento cuarenta y siete hipervínculos a temas de actualidad o de supuesto interés para salir del paso, pero no tengo claro que esa deba ser mi contribución a la blogosfera.

Esta mañana nos hemos levantado sobresaltados por el último episodio de la movida precongresual del Partido Popular. Si tu secretario de comunicación dice que no eres el líder que necesita el partido, tienes dos opciones: cesarle o hacerle caso. Yo si fuera Rajoy haría lo primero. Elorriaga no tiene ninguna credibilidad (a Rajoy no es que le sobre tampoco), porque supongo que alguna parte de culpa tendrá él, como responsable de la estrategia de comunicación del partido, en todos los problemas que tienen los populares.

Esa idea me lleva a un ejemplo más cercano, de aquí. Acabo de leer un teletipo de agencia en el que el filósofo del Besaya dice que la ejecutiva de Gorostiaga (de la que él es uno de sus miembros más ilustres) ha llevado el partido a la melancolía. Ante tan concienzudo análisis (sumado a las palabras de Elorriaga) he vuelto a pensar, en voz baja (ya subiré el volumen), que en las direcciones de los partidos deberían estar personas que tuvieran la capacidad de opinar con cierto criterio, hacer propuestas de futuro, cambiar las cosas que están mal y trabajar en equipo para ser vanguardia; no de pasar factura cuando interesa por una cuenta que es un poco de todos. Eso pasa por hacer los congresos como se hacen. Mirando los votos que trae cada uno. Poniendo encima de la mesa el número de delegados de la agrupación del dirigente local de turno, en lugar del talento de los compañeros y compañeras, que lo hay y mucho. Tanto que la mecánica ya duele (y huele).

Para mañana se nos anuncia otra ilustre comparecencia ante los medios (aquí también está la cosa planificada). Me gustaría avisar a los estrategas de la cosa que hay algunos mensajes que, aunque puedan compartirse, pierden toda su legitimidad en boca de personas que ya tenían nombre y apellidos cuando los dinosaurinos estaban en pleno esplendor sobre la tierra. ¿Qué pensará la gente ante este permanente revival? Me imagino que lo de coger el periódico de hoy y que siga pareciendo el de hace veinte años tiene que confundir un poco. Es hora de que otros nombres y otros apellidos empiecen a sonar algo más (mucho más). Porque, en caso contrario, si que nos espera la melancolía, y eterna.





Diego también se moja

8 05 2008

El Presidente del PP, Juan Ignacio (como se refieren a él en las informaciones de la prensa nacional), lleva un tiempo demasiado interesado en el proceso congresual del PSOE de Cantabria. Al mismo tiempo que dice no querer inmiscuirse en los asuntos internos de otro partido (que es lo que debería hacer), ha realizado ya tres o cuatro declaraciones en las que ha dejado bastante claro cuáles son sus preferencias. Debe ser que no tiene suficiente con dar media docena de ruedas de prensa semanales, en las que se muestra más como un aprendiz de bufón que como el responsable político que se supone es, y necesita sentir que tiene cierta capacidad de influir en lo que pasa a su alrededor.

No sé cómo encajan en su partido, acostumbrado a gobernar Cantabria desde la época de los reyes godos, que Juan Ignacio esté totalmente resignado en la oposición. Se le ve cómodo en su papel (ensayado en una ilustre escuela de teatro). De hecho, sabe que (salvo que sus predicciones tengan éxito) nunca va a tener otro, y da gracias cada día por lo que tiene. Tiene claro que Narciso le quiere mover la silla, pero es consciente de que todavía no toca. Aún le quedan, a Narciso, dos o tres millones de fotos impropias (pagadas por otras administraciones, eso sí que es una Carta de Capitalidad) antes de dar el salto a la política regional. Mientras tanto, Juan Ignacio a sus cosas. No le importa defender una postura un día, para al día siguiente decir todo lo contrario. ¿Qué más da?, pensará…

Me molesta que Juan Ignacio (animado por su padrino político, el del apellido conocido por estos lares) trate de influir en nuestro proceso congresual. Aunque me molesta más, que haya gente en nuestro partido que esté encantada con su comportamiento. Eso sí, me alegro de no estar en la opción que él defiende. Dedícate a lo tuyo, Juan Ignacio, que bastante tienes, y vete asumiendo que si los ciudadanos quieren os quedan muchos años de oposición. Cantabria seguro que lo agradecerá…





Me voy a mojar

6 05 2008

Nunca he sido de los que se esconden; ni de los que se guardan lo que piensan por miedo. De hecho, he recibido reproches —algunos más cariñosos que otros— por haber dado siempre mi opinión sin adulterar. Me afilié al PSOE en el año 1993. Llevo, pues, quince años de militancia en los que he visto de todo. Y cuando digo de todo, es de todo. Fui de los que, en el año 2000, pidieron públicamente la dimisión de Jaime Blanco —y de todo lo que él representaba y todavía representa—, y de los que, en aquella época, trabajamos duro por el cambio en el partido. Un cambio que vino de la mano de Lola Gorostiaga para quien —no descubro nada— he trabajado lealmente, y sobre todo con mucho ánimo crítico, siempre que he tenido la oportunidad.

La más importante me llegó en el año 2003, cuando fui el número seis de la candidatura socialista al Parlamento de Cantabria, y, posteriormente, con mi designación como Director General de Juventud. Una época intensa, para lo bueno y para lo malo, de la que me quedo con un realidad difícil de rebatir: cambiamos muchas cosas que parecían inmutables. Algunas malas experiencias con las que sufrí demasiado en ese periodo, y la necesidad de tomarme un tiempo para reflexionar acerca de mi vida, me llevaron, después de las elecciones del 2007, a descender algún escalón. Pero, viendo los últimos acontecimientos, he decidido aparcar, por un tiempo, esa necesaria reflexión personal, y el meditado alejamiento temporal, para pasar a la acción sin tapujos ni medias tintas.

Lola ha cometido errores. En algunos de ellos, lamentablemente, sigue cayendo. Es verdad que eso sólo les pasa a los que toman decisiones, a los que arriesgan… Es el momento de reconducir bastantes cosas; creo que ella es consciente de ello, y está decidida a hacerlo. Como digo, es cierto que hay cosas desesperantes, pero también lo es que hemos conseguido el sueño de gobernar en Cantabria para cambiar la vida de la gente. Cantabria nunca ha estado como ahora, y el mayor mérito es de los socialistas —me siento orgulloso de ello—, aunque no hayamos sido capaces de explicarlo —de comunicarlo— adecuadamente. No quiero que mi partido facilite que la derecha vuelva a gobernar en Cantabria. No quiero volver a la época en que la dirección estaba cómoda en la oposición, no quería gobernar y prefería que mandase la derecha, recibiendo a cambio algunas migajas de poder y de posición social para dirigentes acomplejados como Jaime Blanco, Rosa Inés García y otros del mismo patrón.

Recuerdo que el día que tomé posesión como diputado regional, se me acercó Rosa Inés García —con intención de estropearme la fiesta— y me dijo una frase tan mezquina que no voy a reproducir por respeto a mi familia; pero que no olvidaré nunca. No contesté a su indecente comentario, pero en ese momento prometí que trabajaría para que gente así no tuviera, nunca más, responsabilidades en mi partido. Y en eso estamos. Blanca Rosa se presenta a la secretaría general de la mano de Rosa Inés García, Jaime Blanco, Aurelio Ruiz Toca y el ínclito Juan Ramón López Revuelta. Lo hace, además, enfrentándose a la dirección federal, a Alfredo Pérez Rubalcaba, Pepe Blanco y al propio José Luis Rodríguez Zapatero, quienes han reiterado —y se lo han hecho saber a la Alcaldesa de Torrelavega, aunque ella lo pretenda disfrazar de café…— que su deseo es que Lola, con un equipo nuevo, termine la transición en el partido, logre el objetivo de renovarlo y fortalecerlo —con el urgente relevo generacional— y lo convierta, para siempre, en un partido con vocación mayoritaria y de Gobierno para seguir cambiando Cantabria de arriba a abajo.

Considero que ha llegado el momento de pensar un poco más en nuestro partido y explicar mejor a la gente lo que somos, lo que representamos y lo que hemos logrado para Cantabria. Tenemos que ser capaces de reivindicar que somos el partido que más ha hecho para que Cantabria sea hoy una región moderna y abierta, y hacer partícipe de ese gran proyecto a toda nuestra militancia, que lo sienta como propio y lo defienda ante los ataques de la derecha. En ese empeño, mi opinión es que no sobra nadie. Sólo aquellos que reman en contra con el aplauso del Partido Popular, aquellos que llenan las páginas del periódico de Pedro J. Ramírez de rumores, bulos, chascarillos, manipulaciones y medias verdades. No quiero seguir el congreso de mi partido a través de un periódico inmundo que nos sigue llamando asesinos. Ese no es el partido que quiero. Quiero seguir el congreso por las conversaciones tranquilas con los compañeros y compañeras, escuchando las diferentes opiniones, evitando los insultos y las descalificaciones personales, enriqueciendo el debate con aportaciones pensadas. En definitiva, dando cada uno lo mejor de nosotros.  

 

Los militantes jóvenes del PSOE en Cantabria, los de menos de 35 años, tenemos una doble responsabilidad en este proceso congresual: fortalecer el partido y evitar que vuelva al pasado. Si entendemos eso, será difícil que alguien nos pare. Ha llegado nuestra hora. Este es nuestro congreso. No es el momento de refugiarse y esperar a que pase la tormenta. Sin nuestra aportación el cambio definitivo no será posible. Estoy seguro de que Lola es consciente y quiere dejarnos un partido mejor que el que se encontró. Deberíamos ayudarla a conseguirlo. Yo lo voy a hacer. Me voy a mojar.

 





Tontos útiles

13 03 2008

    Hay en el panorama periodístico de nuestra región un grupillo —mucho mayor de lo deseable— de tontos útiles. Lo forman esos aprendices de plumillas, que investidos de un halo de periodistas de investigación, o analistas políticos, nos ofrecen desde su púlpito infame —día sí y día también— sus palabras de fuego. [Cómo van a saber lo que escriben, si ni siquiera saben cómo se escribe]. No suelo perder el tiempo leyendo a tontos útiles, pero como, últimamente, salen como setas, hay días que no me queda más remedio.
    He de confesar que tengo mis dos favoritos: Sandro (de) Michell y Fran (J.) Girao. Uno, director de Telebahía, por obra y gracia de su habilidad para moverse debajo de las mesas de algunos despachos; el otro, periodista de investigación y sucesos de El Mundo Hoy en Cantabria —lo compré los primeros días pero se está convirtiendo, muy a mi pesar, en una mala copia de la edición nacional—, especializado en poner nombres y apellidos, donde por ley sólo deberían ir iniciales. ¿Qué sería de la profesión sin estos dos ilustres personajes?
    Presumo de tener buenos amigos en el periodismo de Cantabria; hay gente muy profesional, dedicada, con conocimiento, y que cuida la información, a pesar de que nadie cuida sus condiciones laborales. Me ofende muchísimo—seguro que a ellos también— que haya individuos que se hagan llamar periodistas, y que lo único que hacen es degradar la profesión hasta límites insospechados. Lo peor de todo es que se deben ir a dormir, cada día, creyéndose los sucesores naturales de Losantos y Pedro J. ¡Pobrecillos! Por el bien de todos, les recomiendo que se hagan un blog —que la red, por desgracia, lo aguanta todo—, y dejen el periodismo para los buenos profesionales.





El mal necesario

4 01 2008

Hace tiempo que me chirría bastante lo que leo en los artículos -modo breve o extenso- que escribe Víctor Gijón en su confidencial. A veces, en su afán por defender todo lo que huela a partidos gobernantes, trata de justificar lo injustificable (no todo está bien); otras ocasiones utiliza unas argumentaciones un tanto peregrinas para elaborar sus críticas; la mayoría de las veces (aunque no siempre) dirigidas al Partido Popular.

Acabo de leer su análisis sobre las candidaturas del PSOE al Congreso y Senado. Vaya por delante que me hubiera gustado que fueran de otra manera, y que hace tiempo que vengo diciendo que a Jaime Blanco le ha tocado buscarse espacios diferentes. Pero eso no puede ser motivo suficiente para defender, sin ruborizarse, que el 88% (porcentaje que obtuvo la lista del Congreso en el Comité del PSOE) es un apoyo plebiscitario, mientras que el 77% (de la del Senado) es un porcentaje casi ridículo (mucho menor apoyo son sus palabras textuales). Tampoco es razón para su recomendación al voto selectivo: que la gente vote sólo a dos (de los tres) candidatos socialistas al Senado. Y creo, también, que lo que es bueno para algunos no puede ser malo para otros. Revilla o Miguel Ángel Palacio llevan, más o menos, los mismos años (demasiados) en política que Jaime Blanco; a los dos primeros no les limita (incluso se apunta como virtud) para ser titulares de los dos cargos con mayor rango de la Comunidad Autónoma, pero el tercero queda inhabilitado, según Víctor, para ir de senador.

Yo hubiera hecho otras listas; cada uno de los militantes del PSOE hubiera hecho, seguro, una lista diferente; y no digamos los simpatizantes, los votantes, o incluso los que no nos votan ni nos votarán nunca. Pero para defender una postura que se pretende tenga cierto empaque, los argumentos deberían estar mejor escogidos. Al final, las candidaturas -nos guste o no- son las que son, y lo serán por algo (que no estamos para brindis al sol), y ahora lo que toca es arrimar todos el hombro. Me alegro de la presencia de Antonio Bezanilla (en un buen número 3) y de Silvia Abascal; cualquiera de los dos podría haber ido mejor situado y no habría pasado nada, bueno sí: hubieran cambiado algunas cosas. También podría haber jugado otro papel María del Mar González, de Santillana: una política con mayúsculas. Lo razonable es que la presencia como cabeza de lista de Elena Salgado, con sus virtudes (que no son, desde luego, veranear en Comillas), se hubiera aprovechado para haberle dado un giro total a las candidaturas; para ir construyendo el necesario tiempo nuevo.

Que me perdonen todos los compañeros y compañeras (yo también fui candidato al Congreso en una ocasión), pero somos el mal necesario. Si se pudiera votar directamente a Zapatero, seguro que obtendríamos más votos que de esta manera. Cuando alguien me dice que le gustaría que el Presidente siguiera, porque lo ha hecho bien, y porque los del Partido Popular son unos impresentables; pero que no le motivan mucho las listas de Cantabria y que se va a quedar en casa el 9M, le digo que piense que somos el mal necesario para que Zapatero siga siendo Presidente. A ver si por esa vía vamos sumando.