«Yo he venido aquí a hablar de mi libro.» Voy a incumplir por un día la norma de no poner imágenes ilustrando los comentarios de este espacio adicto a las palabras. Y lo voy a incumplir por un buen motivo: poner una imagen de mi libro. «A mí me has dicho, personalmente por teléfono Mercedes, que yo venía aquí porque esta tarde se ha presentado mi libro.» La gente de Alfaguara ha hecho feliz a un montón de anónimos aprendices de escritores editando los microrrelatos del Concurso ‘Relatos en Cadena’ de la Cadena Ser y la Escuela de Escritores. Yo soy uno de ellos. Feliz. Muy feliz. Y es que no es lo mismo. Poder tocar el papel, leerlo, releerlo, ver tu nombre en la solapa. No es lo mismo. El libro es otra cosa y, si nos queda algo de conocimiento, seguirá siéndolo durante mucho tiempo. «Yo he venido aquí a hablar de mi libro y no hablar de lo que opine el personal, porque para eso tengo mi columna y mi opinión diaria.»
Ayer, en la Librería Gil, Gisela me preguntó qué sentía y no supe responder más que un tímido balbuceo. Esta mañana, después de darle alguna vuelta, le diría que siento un fuerte orgullo y la necesidad de hacerme con varios volúmenes y regalárselos a gente buena a la que quiero. La lista es larga, y más para este tiempo de crisis. «Es que pasa el tiempo, se acaba el tiempo, entra la publicidad, entran unos vídeos absurdos que todos hemos visto ya y no se habla de mi libro.» Releyendo el pequeño relato he vuelto a reflexionar sobre la muerte y, aunque trato de relativizarlo todo como la mejor manera de vivir en este jodido mundo, hay ciertas cosas que no soy capaz de entender, y los restos de cenizan siguen manchando la madera del mueble del comedor. «Yo cuando vengo a la televisión es que me pagan, porque yo no vengo a la televisión como un paria, gratuitamente, si no se va a hablar de mi libro» Os recomiendo el libro, encierra mucho talento en diminutas cápsulas y el sueño de mucha gente que un día escribió cien palabras y esta soleada mañana se las ha encontrado impresas en un papel precioso, en el escaparate de la librería de su ciudad. En la página 33 podréis leer esto:
«Lo siento, hicimos lo que pudimos, está muerto.» No hay un solo día que no recuerde las palabras resignadas del médico. La vida es tan frágil y secundaria como los hilos blancos que tienen los trajes recién salidos de la tienda. Como una barra de incienso que se va convirtiendo lentamente en ceniza y cae de repente, cansada de aguantar su propio peso. Lo peor es la sensación de impotencia. El dolor provocado por no llegar a tiempo. No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que los restos de ceniza manchen la madera del mueble del comedor.
RAÚL GIL BENITO
Ganador del mes de septiembre
