…Sai, a conti fatti, della vita è più quello che non si ricorda di quello che si ricorda…
Antonio Tabucchi en Tristano Muore
Hay verbos que desgraciadamente no han nacido para conjugarlos. Por ejemplo, memorar. Decimos hacer memoria en lugar de memorar. Nadie dice yo memoro, sino yo hago memoria. Me hubiera gustado que memorar significara exactamente lo mismo que memorizar, porque memorizar se deja conjugar y es una palabra preciosa; preciosa y denostada por igual, eso es cierto, y toda la culpa es de la educación que implantó la escuela franquista, en la que lo único importante era memorizar, ya fuera la lista de reyes godos o la tabla del siete. Memorar quizá suene raro, pero me gustaría que conjugásemos más ese verbo, que no tuviéramos miedo a memorar. Yo no tengo ningún miedo a memorar. Yo quiero hacerlo. Yo lo hago. Lo estoy haciendo ahora: estoy memorando —memorando también significa cuaderno de apuntes, que es uno de los mejores sitios para memorar, y no es casualidad…—; no estoy haciendo memoria. No quiero hacer memoria, no me interesa, la memoria ya está hecha y es suficiente así. No se puede comprar un kilo de memoria en Carrefour. Que no os engañen, no se puede, intentadlo si queréis, pero no se puede. Yo quiero memorar, memorar está bien, me parece lo correcto.