Ayer fui a la presentación de Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe, en un centro cultural de Santander. Esperaba con emoción mi encuentro con el escritor vasco, porque sabía que iba a tener la oportunidad de charlar un rato con él para contarle los efectos que su novela ha producido en mí (de algunos soy consciente, otros ni siquiera puedo imaginármelos), darle las gracias en persona después de haberlo hecho en estas mismas páginas y cruzar algún diálogo interesante, de esos de escritor a escritor (de los que tiene Enrique Vila-Matas con sus amigos), que son tan difíciles, casi imposibles, en el día a día de mi ciudad.
Kirmen no me defraudó. Su presentación, ejecutada a la manera de un diálogo literario con el periodista Guillermo Balbona (dentro del periodismo cultural, si es que podemos decir que tal cosa exista en Cantabria, es, de largo, el profesional con más criterio y compromiso), fue a la vez un canto a la sencillez y una clase magistral de cómo escribir en estos tiempos. Escuchando al escritor vasco me iba emocionando porque me daba cuenta de que sus opiniones, su visión de las cosas eran muy parecidas a las mías y él, y ahí se encuentra una de las múltiples diferencias, sabe expresarlo de manera convincente y tranquila, sin sobresaltos, casi a la manera en que los edificios asientan su estructura con el paso de los años.
De todo lo que contó, que fue mucho, me quedo con algo en lo que yo había pensado ya más veces: Lo vanguardista, lo experimental es frío. Al escuchar eso pensé en Agustín Fernández Mallo y esta vez sé por qué: He leído Nocilla Dream, Nocilla Experience y Nocilla Lab. He leído su ensayo Postpoética y sus libros de poemas Creta lateral travelling y Joan Fontaine Odisea. Lo he leído y releído todo y me parece un gran escritor, pero es frío, no me emociona; me gusta descubrir cómo abre el género, cómo juega con las nuevas herramientas, cómo se ríe de lo convencional, cómo provoca, me gusta todo eso y me gusta la agilidad con la que narra, pero es frío, no me emociona. Trato de recordar algún fragmento de alguna novela de Agustín Fernández Mallo y me cuesta y no soy capaz, lo intento con Bilbao-New York-Bilbao (ya sé que la he leído hace poco) y me vienen a la memoria tantas cosas que me hace pensar que la novela de Kirmen Uribe se me ha grabado a fuego en el alma.
Al terminar la presentación, me acerqué a charlar unos minutos con Kirmen, con la excusa de que me firmara el libro, y mi sensación es que el escritor vasco es como su novela: sencillo y sofisticado. Ahora, al recordar el encuentro de ayer con Kirmen, sonrío al darme cuenta de cómo algunas de sus palabras rebotan dentro de mí buscando un hueco donde quedarse para siempre, pienso que me gustaría volver a coincidir con él en alguna otra ocasión, con menos gente, para poder seguir charlando de literatura, de la creación literaria, de la vida…, confío en disfrutar pronto de su segunda novela y cierro este capítulo volviendo a leer su dedicatoria: Para Raúl Gil, esperando que pueda leer tu novela, fragmentaria y auténtica a la vez. Suerte, que seguro que lo consigues. Un fuerte abrazo. Kirmen Uribe.