No sé si sirve de algo, tal vez no, quizá debería permanecer callado, al menos en lo que se refiere a eso, justamente a eso, no sé si sirve de algo, no lo sé, pero he pensado que si tú fuiste valiente, si tú te atreviste a pronunciar esas palabras, diste la cara de esa manera limpia de dar la cara que sólo tienen las mujeres que no deben nada a nadie, si tú fuiste valiente -si tú diste la cara-, yo no puedo permanecer callado más tiempo, porque esta vez el silencio es como un puñal, y un puñal duele, más aún si lo haces penetrar en la carne más débil, allí donde nacen todos los latidos, el lugar del que tendrían que haber venido las palabras que debieron escoltar a las tuyas aquella noche de lluvia fría, las palabras que resuenan desde entonces en el vacío existencial de mis conductos seminales, y esas palabras valen ahora su peso en oro, pero no quiero venderlas, son un regalo, tal vez envenenado, seguramente envenenado, como cualquier regalo que no se puede pagar con dinero, esas palabras, en fin, son mías, y ahora quiero que sean tuyas, y que hagas lo que quieras con ellas, lo que tú quieras, haz con ellas lo que quieras, salvo pisarlas con tacón de aguja, porque eso, amiga, no te pegaría nada.
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Pues tengo material para un rato…