El sábado pasado, después de una gloriosa siesta, acudí a la presentación de El faro, el primer libro de poemas de Guillermo López Gallego. El acto literario tuvo lugar en la Librería Gil —¿dónde si no?—, organizado al alimón por Paz Gil y Alberto Santamaría —nuestro mejor poeta en la actualidad—. En la planta de arriba de la librería de la Plaza Pombo nos juntamos un buen grupo de amigos de la poesía, que pudimos disfrutar con el recital poético y las escogidas palabras de Guillermo. Me comentó Paz que estaban ampliando el local; básicamente porque sólo les falta colgar los libros del techo y quieren hacer actos literarios más a menudo, sin tener que modificar la rutina habitual de la librería y su fiel clientela. Es, pues, una buena noticia y sirve para constatar que las actividades culturales más interesantes que tienen lugar en esta ciudad, salvo honrosas excepciones, son fruto de la apuesta de cierta iniciativa privada; y sobre todo de algunas personas con un compromiso evidente —como es el caso, por ejemplo, de Paz y Alberto—, que no se resignan a ser ese páramo —y no me refiero al de Juan Rulfo— en que nos quiere convertir, perpetuar más bien, la derecha más rancia, en sus diversas ramificaciones, de esta región.
La verdad es que la libreria GIL cada vez tiene más y mejor sabor.